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La costa de Levante de Mallorca, desde el Cap Freu hasta el Cap de Ses Salines y especialmente los alrededores de la Bahía de Cala Millor, es un lugar privilegiado para los amantes del espeleobuceo. No en vano está situada a mitad de camino entre las famosas cuevas del Drach y las de Artá. La oscuridad y el silencio que al entrar en esas cuevas nos sobrecoge, se multiplican cuando en un ambiente de ingravidez entramos en una completamente virgen, o casi, iluminándonos solo de nuestros focos y avanzando al ritmo del sonido de nuestra respiración. Cuevas, cavernas, túneles y grietas los hay a centenares, de todos los niveles de dificuldad, y muchas de ellas están aún sin explorar. Morenas, congrios, cabrachos, reyezuelos, brótolas, corvallos e invertebrados como ermitaños en convivencia simbiótica con anémonas, espirógrafos que despliegan sus branquias en frágiles abanicos y todo tipo de pequeños crustáceos que pululan bajo las estalactitas son los habitantes de estos recónditos parajes, tan cerca de nosotros y tan desconocidos. En este artículo vamos a presentar cuatro ejemplos de cuevas submarinas, una invitación y un reto para los que quieran iniciarse en el sofisticado y apasionante mundo del espeleobuceo.
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