BARCOS DE ÉPOCA



Cada año, las aguas de Baleares se convierten con estos barcos dotados de una propia personalidad, en el auténtico Olimpo del arte de la navegación.

Con bruñidos bronces, ricas maderas, sus jarcias artesanas, sus velas multiformes, sus palos candeleros con sabor a carpintería de ribera, evocan en todos los amantes de la mar una especial añoranza y una íntima sensibilidad por la conservación de estas piezas marítimas, ajenas a la construcción impersonal y seriada. El objetivo de las regatas de barcos de época es convertirse en un acto cultural, deportivo y lúdico y lo más importante para las tripulaciones no es el premio, sino, sobre todo, la recuperación y conservación de estas embarcaciones. Gracias a ellas las velas de estos barcos que han surcado mares y océanos desde hace decenios, bogan con sus desafiantes cascos en pos del viento.

Lo importante es su conservación.
Barcos de época y barcos clásicos. Cualquier velero construido antes de 1949, o aquel que sea una reproducción fiel a un plano anterior a dicha fecha, es considerado un barco de época, mientras que un barco clásico es aquel que ha sido botado entre 1950 y 1974, siendo también admitidas en esta categoría las réplicas diseñadas durante los mencionados periodos botadas con posterioridad, siempre y cuando sean fieles a los planos originales y se hayan construido utilizando las técnicas y los materiales propios de la época en la que fueron ideados.

Diseños irrepetibles llenan estos veleros.

Joyas náuticas.
Los barcos de época, a modo de paseo por la historia, permiten admirar diseños irrepetibles reflejos de otros tiempos en los que los cascos se cosntruían en maderas nobles como la Teka de Birmania, El Fresno, la Caoba, la Samanguilla o el Spruce, que se importaba de los trópicos y se dejaba secas hasta seis o siete años antes de comenzar la construcción.

Los astilleros empleaban artesanos, verdaderos artistas, como los “mestres d‘aixa” de baleares y Cataluña que ensamblaban las maderas con el amor a la obra bien hecha. El resultado: barcos bellísimos y estilizados que recogían toda la ciencia náutica de la época y eran el fruto de la colaboración personal entre el diseñador, los ingenieros, los constructores y el armador. Muchos de estos barcos, con palos de madera, velas de algodón, cabuyería de fibra vegetal y tripulaciones muy marineras han dado varias veces la vuelta al mundo y alegrado con su presencia el alma de los amantes de la mar en los puertos más alejados. Y han llegado a nuestros días gracias al costoso trabajo de restauración y mantenimiento, siendo objeto de un mimo y de un cuidado especial en todos los países del mundo. Hoy en día, no sería factible construirlos pues el coste sería elevadísimo y, aunque parezca paradójico, carecemos de la tecnología necesaria para la manipulación de las maderas que tan bien dominaban nuestro abuelos.


Las tripulaciones han dado varias vueltas al mundo


Pasión en común.
Navegar a bordo de uno de estos barcos constituye una experiencia singular, en íntima unión con el medio marino, siempre a merced de los elementos. La pericia marinera de los tripulantes es mayor, si cabe, que la necesaria para tomar parte en competiciones aparentemente más punteras, pues no se cuenta con las ayudas electrónicas, con los aparejos modernos, los winches y los aparatos que facilitan la tarea de los tripulantes de los cruceros a vela modernos.

El Trofeo Conde Almirante de Barcelona.
Tiene un sabor especial. En cuanto a regatista, parece más una concentración de amigos, reunidos por una pasión común, que una competición deportiva. A esta regata se viene más que a ganar, a participar y a vivir la vela como lo hicieron los antiguos.


Quizá si no fuera por esta regata no podríamos contemplar este singular espectáculo en el Paseo Marítimo, ya no existirían, y es que es la perfecta excusa para mantenerlos en condiciones de exquisita navegabilidad.
El marinero de los barcos de época sólo cuenta con su instinto, su intuición marinera, para decidir cuando debe arriarse una vela, hasta cuando puede forzarse un aparejo o para calcular su situación. Esto da a la navegación en esos barcos un carácter formativo para la juventud que no se consigue en ninguna otra especialidad náutica. Por eso, en muchos países, los Barcos de Época se usan, a través de Patronatos, como barcos escuela en esa asignatura siempre pendiente que es el Mar.
Lo que realmente distingue al Trofeo Conde de Barcelona de una competición deportiva como pudiera ser la Copa de Rey es que no sólo puntúa la rapidez de los barcos, sino que se tienen en cuenta multitud de factores que se salen de los triángulos de la regata. Hay una serie de jueces que evalúan la conservación de los barcos, dividiéndolos en varios apartados según la estructura, la cubierta, la arboladura, el interior y la antigüedad. Otro de los aspectos que se evalúan es la ambientación del barco. Hay cuatro jueces que examinan palmo a palmo cada barco, para al finalizar la regata, hacer una media de las puntuaciones conseguidas por cada uno de ellos.

La vela latina.
La vela latina es la forma más antigua, y a su vez más pura y genuina que se conoce de navegar. La primera vinculación de vela latina que se conoce con respecto a Mallorca data de la Edad media. Y actualmente existen en Mallorca un centenar de embarcaciones de vela latina registradas. En la década de los sesenta y en años sucesivos, la vela latina sufrió una importante crisis, debida sobretodo a la aparición de las velas Marconi y la introducción de la fibra en sustitución de la madera. Esto hizo que se abaratara su coste y que los grandes perjudicados fueran los patrones de los “bots” y “llaüts” que hasta entonces eran las embarcaciones más utilizadas a la hora de faenar en el mar. Las regatas de vela Latina nacieron de las carreras que hacían los pescadores para llegar en primer lugar al puerto, después de haber estado faenando toda la noche.

Las regatas de vela Latina nacieron de las carreras que hacían los pescadores para llegar en primer lugar al puerto, después de haber estado faenando toda la noche.
La vela latina tuvo en la decimocuarta edición del trofeo Almirante Conde de Barcelona para Barcos de Época una participación mayor que nunca. A nuestros “bots” y “llaüts” se unieron dos tradicionales embarcaciones de la costa catalana, “Sa Rata” y “Goretti” que fueron distinguidas con una mención especial por navegar con vela latina desde la costa catalana al puerto de Palma.

Esta decimocuarta edición del Trofeo Almirante Conde de Barcelona para Barcos de Época, fue organizada por la Fundación Hispania de Barcos de Época, y contó con el patrocinio del Govern Balear, el asesoramiento técnico del RANC y la colaboración de la Escola Nacional de Vela de Calanova.

 


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